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30 may. 2015

Conflicto de intereses

Supongo que el amor es también una clase de guerra. Sin víctimas mortales, pero con heridas que nunca cicatrizan del todo. 

Recuerdo que dolía (o duele, ¡yo qué cojones sé!).
Dolía/duele no verse reflejada en aquellas pupilas que prometían tormenta. Dolía/duele saber que el día no es nuestro, que ya no soy el último pensamiento antes de acostarte, ni lo primero que recuerdas al despertarte (si es que alguna vez lo he sido). Dolía/duele sujetar la granada de mano a punto de explotar, sin tener más opción que esperar a que reviente. Dolía/duele ser la única que ha quedado entre tanta destrucción, pena y ruina. La tuya, la nuestra y ahora, solamente mía.
Dolía/duele gritar desde el corazón mientras la razón acalla las protestas, tensando los cada vez más fuertes nudos de garganta. Dolía/duele no poder salir del fuego cruzado del pasado-presente y futuro, ese tan incierto y distante que cada noche jurabas ante los astros tener que ofrecer(me).
Dolía/duele como si siempre, como si nunca; como si nada, como si todo. Dolía/duele de esa forma en la que solo tú sabías y sabes, podías y puedes llegar a hacerlo.
Bandera blanca. Me rindo, tú ganas. Entierro el hacha de guerra; estoy cansada de seguir con esta lucha. Haz las maletas, por favor. Vete y no vuelvas. Se acabó, no puedo seguir andando de puntillas por este campo de minas. Me quito las tiritas, me cambio las vendas. Tú quédate con los restos, no los necesito, los tengo ya demasiado vistos. Te cambio tu paz por mi guerra, por mis batallas internas.

¿Dolía...?
¿Duele...?
Ya no.