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28 abr. 2014

La vida es un arma de doble filo

Qué puta la vida, que me sedujo con sus largas piernas y su piel de melocotón. Su boca de fresa me enamoró con amargas promesas con sabor a sal. Y no hablemos de sus curvas, semejantes a las de una montaña rusa. Tan pronto te elevaban hasta el cielo, como hacían que descendieras hasta los abismos más oscuros y te sumieras de lleno en la locura. La inmensidad que eran sus negros ojos me miraban curiosos, distantes. Queriéndose alejar del desastre, de mi desastre. De la colisión que estaba a punto de producirse en mi interior.
Decidió jugar conmigo a su juego favorito para desquitarse, así que me escogió como víctima perfecta. Su musa, la musa del caos que reina en la vida. Y jugó conmigo a la ruleta rusa. Pero como Vida es tan tramposa, el cargador estaba lleno de balas. Balas que disparó contra mi alma. Y me dejó hecha un maldito colador. Sollozando le pregunté: '¿por qué me haces esto? ¿por qué yo?'. A lo que respondió: 'lo siento. No es mi culpa. Solo has sido otra víctima del azar. Un simple efecto colateral'.
Y entonces comprendí lo triste que debe ser ser Vida, siempre acompañada por sus hermanas, Suerte y Desgracia. Vida es ciega y no responde ante nadie, ella no es capaz de distinguir entre el bien y el mal. Y así le va, así nos va.




20 abr. 2014

Amor de primavera, tormenta de verano.





Qué ingenua era. 
La chica de labios secos y alma mojada. Tan sumida en su agridulce oscuridad. Sabía ver la belleza hasta en las cosas más insignificantes: un atardecer, el sonido de la lluvia, un campo lleno de flores de vibrantes colores, una mariposa alzando el vuelo... Pero como todo lo que una vez es bello acabó por desgastarse y perder su brillo. No fue una excepción; y terminó siendo casi tan cortante y dura como el cristal. Puede que fuera su dulzura lo que la marchitó. O su estúpida tendencia de ver la parte buena de todas las personas. O quizás fue que su corazón se quedó sin pétalos ni vida, por culpa de un maldito capullo. Sí. Un capullo que le llenó el estómago de mariposas y pudrió todas las flores que plantó en las entrañas de su pecho, que quedaron transformadas en gusanos; devoradores de lo que algún día pudo ser considerado como amor.

-¿Amor? ¡Qué estúpido sentimiento! - pensó. - El amor es destrucción. Es andar a ciegas por un campo de minas. Es doler por dos. Es esperar a que pase el tren adecuado. Pero yo ya estoy harta de trenes. Estoy cansada de esperar oportunidades que pasan de largo. Cansada de caerme a pedazos. El dolor se me escapa entre silencios y lo único que quiero es volver a sentir. Volver a sentir que estoy viva, que de algún modo sigo respirando y no soy solo un alma condenada a vagar por este infierno al que algunos llaman "vida". Pero sé que este dolor solo confirma que no he muerto y antes de darte el poder de volver y apretar el gatillo prefiero seguir presionando el revólver contra mi pecho marchito, decidida a disparar. Prefiero morirme a flores, que por culpa de tus balas. Al menos así moriré despetalada y llena de espinas. Y cuando mi último pétalo caiga rozando el suelo podré dejar de jugar por fin a 'me quieres, no me quieres' sin sentido y podré abrazar el dulce olor del olvido. Ha sido tristemente bonito que dolieras de una forma tan tóxicamente embriagadora.

Y se consumió. Disparó y se desvaneció. En su lugar, apareció una rosa negra; símbolo de toda la oscuridad y tristeza que guardaba dentro. 

¿Cómo algo tan bello podía haber dolido tanto?