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18 nov. 2014

Historia de dos desconocidos


Decidí ir ese día al cementerio. No por ninguna razón en particular; simplemente había algo que me llamaba a gritos a aquel lugar. Así que me vestí; y salí a toda prisa y sin mediar palabra por la puerta de casa. Recorrí el angosto sendero repleto de maleza (no sin antes clavarme un par de espinas en los muslos descubiertos a merced del cálido viento), y unos cuantos pasos después, me encontraba a las imponentes puertas del antiguo cementerio. Me acerqué con cautela y abrí cuidadosamente la oxidada verja.
Mis ojos buscaban rápidamente la lápida a la que tantas veces había acudido a dejar flores (no sé si  a modo de autoconsuelo; o de arrepentimiento.) El paso del tiempo jamás conseguiría arrancar de mi memoria el epitafio que en ella residía:

"Aquí yacen las ilusiones y esperanzas de un corazón maltrecho, víctima y cómplice de sus propios demonios."
(Bonito epitafio, ¿verdad?)



Distinguí con dificultad la sombra de una silueta que parecía dejar algo a los pies de la lápida. Según me iba acercando, alcancé a ver de qué se trataba. Orquídeas. Cuando llegué hasta su lado, le observé con detenimiento. A pesar de que no le conocía, su rostro me resultaba familiar. Había algo en su manera de mirar que de alguna forma, me recordaba un pasado no muy lejano. Me escudriñó con el mismo desconcierto a través de sus ojos color esmeralda. Finalmente, decidí preguntarle:


- "¿Quién eres? ¿Por qué estás aquí?"

Me observó en silencio durante unos segundos y respondió:

+ "Ni yo mismo lo sé. Pero he sentido una extraña sensación. Algo me atraía a éste lugar. Es difícil de explicar, pero es como si una voz me estuviera llamando; diciéndome que debía venir. Así que eso he hecho. No la conozco, o al menos eso creo. Su nombre me suena. Supongo que no será nada. Perdona; ¿nos conocemos?"

-"No. - respondí sorprendida. - ¿Por qué lo preguntas?"

+"No lo sé. Pero... Tu cara me resulta familiar. Puede que nos hayamos encontrado en alguna ocasión."

- "Es posible. Me recuerdas a alguien, aunque en este momento no sabría decirte a quién."


Y así nos quedamos mirándonos. Como dos extraños, dos desconocidos. Aunque no lo éramos en absoluto. Pero ninguno de los dos quería o parecía recordarlo. Solo éramos dos desconocidos que se conocían bastante bien. Dos desconocidos con demasiados recuerdos en común. En el cementerio de mis ilusiones.

2 oct. 2014

Artemaníaca

Siempre me he considerado amante del -arte. De am-arte, de bes-arte y de vers-arte hasta saciarme. De esper-arte sin cansarme por si algún día decides llegar a tiempo a una de nuestras citas pendientes en el banco de siempre.
De acarici-arte cada uno de tus miedos e inseguridades y jugar con ellos a averiguar la forma más rápida para poder arregl-arte, aún sin haberme curado antes los estragos que hizo el vacío (un vacío que más que vaciar; llena. Un vacío que más que aligerar, pesa.) en mi pecho.
Podría decir todas y cada una de las innumerables maneras de plasm-arte. Pero supongo que no serviría de nada; pues yo seguiría siendo otra musa del desastre, jugando a intentar ser poeta. Poeta de pega; de esos que buscan inspiración en el fondo de botellas vacías a las tantas de la madrugada. Poeta sin sangre, poeta de tinta.
Poeta, poeta, poeta... más bien triste amante del -arte.

2 sept. 2014

Jaque mate

La conoció en un bar de carretera la madrugada de un viernes cualquiera.
Llevaba unos pitillos negros ajustados combinados con un top color granate y una chaqueta de cuero del mismo color que sus vaqueros. 
La primera vez que la vio; con su melena desordenada a merced de la brisa y sus labios carmín, le pareció haber visto un ángel caído del cielo (aunque no sabía lo equivocado que estaba; pues en cuestión de moral, no era precisamente un ángel. Más bien era una diablesa venida de los infiernos; ardiente como el fuego.) No era extraño, pues solía provocar esa sensación en los hombres; un hecho del que ella era perfectamente consciente.

La llamaban la reina de corazones; nombre que le hacía justicia, ya que atraía a sus víctimas con su apariencia de sirena y de una forma metafórica les arrancaba el corazón a sangre fría. La coleccionista de corazones por placer. Concreta, cruel y fría como un témpano de hielo. Sin corazón; sin compasión. 
Él hacía caso omiso de este hecho ya que pensaba que podría repararla. Había algo en sus ojos que le decía que lo necesitaba. Detrás de esa gruesa capa de crueldad que tanto se esforzaba por mantener estoicamente, una chispa de luz florecía de ellos; apenas visible para los que no sabían apreciar más de su aspecto. Aunque ninguno se detenía a analizarla profundamente. Les bastaba con intentar conseguirla, a sabiendas de que era una misión suicida; pues nadie había conseguido aún salir ileso de sus encantos.
Como muchos otros, quedó prendado de ella; habiendo cruzado solamente unas cuantas miradas y alguna que otra sonrisa de complicidad. Pero la diferencia es que él era distinto y es por eso por lo que se arriesgó como un kamikaze; a asestarle el jaque la reina.
Para ella solo era un pasatiempo pasajero, como todos los demás. Pero acabó inmersa en un juego de sombras que ni ella misma  pudo controlar. Era el primer hombre que conseguía salir de una pieza de su embrujo y esto la desconcertaba hasta tal punto que llegó a volverse adicta a él. 
Y dejó de recopilar corazones, para que aquel chico que conoció en aquel bar de carretera recuperara y uniera los fragmentos del suyo. 

Reina destronada; jaque mate.

14 ago. 2014

Entre tanto roto y descosido he perdido el hilo

Domingo, otoño del 87.

Monotonía otoñal. Café, poesía; lluvia y poco más. Deshoje emocional.
Le gustaba sentarse en el filo de sus dudas, y saborear cada verso de Neruda a la vez que se dejaba deleitar por el sonido de la lluvia al caer. El olor a café recién hecho impregnaba su habitación. Nada nuevo.
El paquete de tabaco descansaba sobre el escritorio, a la par que sus libros favoritos. El día transcurrió como cada domingo. Rutinario y aburrido. Se sentó junto al alféizar de la ventana abierta, fumándose un cigarro con el sonido del vinilo que tanto le gustaba y que su padre le había regalado cuanto todavía era una cría. Esperaba que el humo del cigarrillo consiguiera despejar su cabeza. O al menos; atenuar sus malos pensamientos, que tenían un volumen casi tan alto como el de sus canciones favoritas.
Pero, como siempre; dio un sorbo al café y dejó de intentarlo, ya que no servía para nada.

Así que cerró los ojos e inspiró. Retuvo el oxígeno un par de segundos y espiró fuertemente. Su respiración era tan fuerte que podía haber roto incluso hasta el mismo aire; si eso fuera posible. Abrió los ojos y rebuscó semi a tientas el encendedor por la habitación. Necesitaba otro cigarro. Le costaba trabajo moverse. Incluso respirar le dolía. Las punzadas frías de desesperación eran cada vez más profundas. Después de un par de minutos, consiguió localizar el mechero junto a una foto no muy antigua de ella... y él.
Parecían felices. No; lo eran. Eran felices. O, al menos; eso fue en otro tiempo.

Una tenue y nostálgica sonrisa curvó levemente sus labios mientras sus ojos, cubiertos por una capa de espesas y húmedas pestañas  proferían un grito de dolor que hacía eco en cada rincón de la cada vez más oscura habitación. Recuerdos, recuerdos, recuerdos... memorias, nostalgia.


15 jul. 2014

Descenso a los infiernos

Ángeles. Ángeles sin alas.
Ángeles en pena. Ángeles con cadenas.
En condena eterna y de ideales desplumados.
¡Pobres desgraciados a los que ni la muerte da tregua!

Seres que vagan entre nosotros, 
desesperados por encontrar el último resquicio de luz
casi extinguida por la negra penumbra.
Y ella...

¡Ay, ella!
Era tan pura, tan inocente, tan bella...
como un atardecer en el mar.
¡Maldita desdichada 
a quien hasta el mismo cielo había dado la espalda!

¡Qué estúpido fue dejar que le robaran sus alas
de aquella burda manera!
Con engaños y mentiras;
típicos trucos de siempre.

Caminó durante mucho tiempo;
 incapaz de escapar de sus infiernos.

El calor la asfixiaba.
Necesitaba salir; poder volver a volar.
Sentir el sabor del viento, 
jugando a desordenar su llameante melena.

El tacto de las nubes como algodón, 
besando las puntas de sus dedos...

Sabía que jamás podría recuperar 
aquello que hacía tanto le habían arrebatado.
Presa de la locura, se acercó al borde del precipicio
del edificio en el que se encontraba;
preparada para saltar.

Estaba dispuesta a sacrificarse
para volver alcanzar
unos últimos vestigios de libertad.

Dio un paso al frente
y miró con tristeza la altura
que la mantenía alejada de su liberación.

Un par de lágrimas humedecieron sus ojos,
y se deslizaron;
silenciosas y serpenteantes
por sus mejillas.

Cerró los ojos y se preguntó en un susurro:

"- Los ángeles pueden volar, ¿verdad?"





Y sin mirar atrás, suspiró y saltó.
Después de todo; era libre.
Por fin.

10 jun. 2014

Algún día, prometo romper las cadenas que me someten al miedo

Algún día, seré capaz de dejar a un lado el miedo,
y regalarte todos los versos que le he estado llorando a la almohada.
Algún día, conseguiré explicarte cómo pudiste hacerme renacer;
de mis cenizas, como un ave fénix.

Quizás pueda contarte cómo llegaste a salvarme
de chocar contra mi propio Titanic emocional,
para convertirte en navegante que encalló
y se hizo hueco en el puerto de mis suspiros.

Me llenaste los vacíos
que tanto tardaron en cavar mis demonios,
y los desterraste a las profundidades de la oscuridad;
condenándolos al olvido.

Calmaste mis tormentas eléctricas,
y las olas, que con furia, me arremetían sin piedad; 
ahogándome de lleno en lo más hondo del hastío.

Rompiste los muros, 
que tanto tardé en construir,
y me despojaste de mi coraza, 
partiéndola en mil pedazos
con la estocada del primer beso.



Algún día. Algún día podré, sabré, seré capaz de decirte todo aquello que nunca te he contado; de explicarte todos los por qués y disipar todas tus dudas. Culpa a mi indecisión; o al miedo irracional a que te largues otra vez y me vuelvas a dejar con las manos vacías. Es por esto por lo mis palabras están encadenadas, presas, retenidas en mi tráquea; sin posibilidades de volar y ser libres de una vez por todas.
Así que por ahora; tendrás que resignarte a leerme entre líneas y a aprender el significado de cada uno de mis silencios, que tanto encierro en ellos. Solo espero conseguir el tiempo que me falta para  poder hacer contigo, lo que la primavera hace con los cerezos.

Mientras tanto, te espero en la estación de siempre con un libro entre las manos y con ansias de versar(te). No faltes.






31 may. 2014

Querida luna


El sonido del crujir de las hojas caídas hacía eco tras sus pisadas. La tierra húmeda reconfortaba sus patas, cansadas después de un viaje sin rumbo fijo. Como cada noche, la luz crepuscular bañaba el bosque, haciendo de él un espectáculo de azulados tonos y oscuras sombras digno de contemplar. La belleza en su máxima expresión, extendida por cada centímetro del bosque. 
El viento, cálido, mecía los árboles, que susurraban suavemente. A lo lejos, en las ramas de un roble, reposaban dos pequeños arrendajos azules, que entonaban dulces melodías bajo la nocturna cúpula estrellada. Incluso aún en la medianoche el bosque latía, repleto de vida.
Ella seguía su camino en la penumbra. 

Siempre fue una loba solitaria, aunque en ningún momento le importó demasiado. Le gustaba disfrutar del silencio, de la soledad, de la noche, de la luna. Avanzó hasta llegar a un lago, se detuvo en seco y contempló en el agua el reflejo del brillante astro que tanto la cautivaba. Alzó la vista al cielo, embelesada por su belleza; no acababa de acostumbrarse al embrujo al que cruelmente la tenía sometida la luna. Entonces aulló, aulló para ella.
Le gustaba estar sola, pero no le gustaba sentirse sola, y era por eso por lo que aullaba. Aullaba con la esperanza de que su lamento llegara hasta la misma luna. Aullaba a su única compañera; la única testigo de sus desvelos, la única testigo de sus lamentos. 
Ella, enamorada de la luna, llorando por un amor que jamás podría llegar a alcanzar.




6 may. 2014

Choque de estrellas






Me acerqué demasiado a tu cinturón de asteroides, a riesgo de colisionar. Y me la pegué. A toda hostia. Y floté por tus galaxias. Desafié a la gravedad colándome en todos y cada uno de tus agujeros negros. Navegué entre constelaciones y visité cada rincón de tu sistema solar; desde Mercurio hasta Neptuno, desde Europa hasta Nereida.
Pero eso era cosa de antes, de cuando no me importaba lanzarme al vacío sabiendo que a la mañana siguiente aparecería entre tus sábanas y podríamos explotar juntos como una supernova. 

Estoy a años luz de volver a ser lo que era. Aquello que fui en un pasado y que no puedo retornar a ser. Giro en una espiral descontrolada de emociones en busca y captura de mis pedazos, que han quedado desperdigados por el espacio. Me siento en el borde de la luna, miro al infinito y suspiro, necesito un respiro. Cierro los ojos, inspiro y me pierdo; la vista es preciosa, aunque sería más bonita si tuviera a alguien con quien compartirla. Pero tú te has ido y solo me queda el brillo todavía incandescente de tu recuerdo. 
Aún con todo, espero que no vuelvas; porque cariño, me has destrozado. Me has dejado hecha polvo; polvo de estrellas.





28 abr. 2014

La vida es un arma de doble filo

Qué puta la vida, que me sedujo con sus largas piernas y su piel de melocotón. Su boca de fresa me enamoró con amargas promesas con sabor a sal. Y no hablemos de sus curvas, semejantes a las de una montaña rusa. Tan pronto te elevaban hasta el cielo, como hacían que descendieras hasta los abismos más oscuros y te sumieras de lleno en la locura. La inmensidad que eran sus negros ojos me miraban curiosos, distantes. Queriéndose alejar del desastre, de mi desastre. De la colisión que estaba a punto de producirse en mi interior.
Decidió jugar conmigo a su juego favorito para desquitarse, así que me escogió como víctima perfecta. Su musa, la musa del caos que reina en la vida. Y jugó conmigo a la ruleta rusa. Pero como Vida es tan tramposa, el cargador estaba lleno de balas. Balas que disparó contra mi alma. Y me dejó hecha un maldito colador. Sollozando le pregunté: '¿por qué me haces esto? ¿por qué yo?'. A lo que respondió: 'lo siento. No es mi culpa. Solo has sido otra víctima del azar. Un simple efecto colateral'.
Y entonces comprendí lo triste que debe ser ser Vida, siempre acompañada por sus hermanas, Suerte y Desgracia. Vida es ciega y no responde ante nadie, ella no es capaz de distinguir entre el bien y el mal. Y así le va, así nos va.




20 abr. 2014

Amor de primavera, tormenta de verano.





Qué ingenua era. 
La chica de labios secos y alma mojada. Tan sumida en su agridulce oscuridad. Sabía ver la belleza hasta en las cosas más insignificantes: un atardecer, el sonido de la lluvia, un campo lleno de flores de vibrantes colores, una mariposa alzando el vuelo... Pero como todo lo que una vez es bello acabó por desgastarse y perder su brillo. No fue una excepción; y terminó siendo casi tan cortante y dura como el cristal. Puede que fuera su dulzura lo que la marchitó. O su estúpida tendencia de ver la parte buena de todas las personas. O quizás fue que su corazón se quedó sin pétalos ni vida, por culpa de un maldito capullo. Sí. Un capullo que le llenó el estómago de mariposas y pudrió todas las flores que plantó en las entrañas de su pecho, que quedaron transformadas en gusanos; devoradores de lo que algún día pudo ser considerado como amor.

-¿Amor? ¡Qué estúpido sentimiento! - pensó. - El amor es destrucción. Es andar a ciegas por un campo de minas. Es doler por dos. Es esperar a que pase el tren adecuado. Pero yo ya estoy harta de trenes. Estoy cansada de esperar oportunidades que pasan de largo. Cansada de caerme a pedazos. El dolor se me escapa entre silencios y lo único que quiero es volver a sentir. Volver a sentir que estoy viva, que de algún modo sigo respirando y no soy solo un alma condenada a vagar por este infierno al que algunos llaman "vida". Pero sé que este dolor solo confirma que no he muerto y antes de darte el poder de volver y apretar el gatillo prefiero seguir presionando el revólver contra mi pecho marchito, decidida a disparar. Prefiero morirme a flores, que por culpa de tus balas. Al menos así moriré despetalada y llena de espinas. Y cuando mi último pétalo caiga rozando el suelo podré dejar de jugar por fin a 'me quieres, no me quieres' sin sentido y podré abrazar el dulce olor del olvido. Ha sido tristemente bonito que dolieras de una forma tan tóxicamente embriagadora.

Y se consumió. Disparó y se desvaneció. En su lugar, apareció una rosa negra; símbolo de toda la oscuridad y tristeza que guardaba dentro. 

¿Cómo algo tan bello podía haber dolido tanto?

31 mar. 2014

Corazón de papel

No recordaba a la persona tan demacrada que me miraba desde el otro lado del espejo. Se parecía a mí, aunque no del todo. Sus ojos eran negros, al igual que su alma. En sus mejillas, dos rastros de gotas negras por culpa del rímmel; ya secas. El pelo, desordenado y hecho un desastre; como ella. Miraba con atención a través de sus acarbonados ojos.

Desde el otro lado la miré con una mezcla de expresión triste y comprensiva. Me devolvió la mirada. Sus labios resquebrajados se abrieron con intención de decir algo; pero se contuvo. Pasó sus dedos alrededor de sus amoratadas ojeras, símbolo de su insomnio. Desordenada, demacrada, desgastada. Creo que la palabra perfecta para describirla sería caótica. Se sentó en el suelo, medio acuclillada. Con los brazos rodeándose las rodillas; abrazándolas.  Parecía tan... frágil. Sin evitar poder bajar la vista para contemplarla la imité.

Estuvimos sentadas frente a frente, en la misma posición, mirándonos. Daba la sensación de que ella esperaba algo. Pero, ¿el qué? En ese momento me sentía agotada, por lo que no me paré a pensarlo demasiado. Miró de reojo a uno de los bolsillos de su chaqueta de cuero y movió la mano, con la intención de sacar algo. Escudriñó ampliamente en él, pero se detuvo para dedicarme una triste sonrisa. Cuando por fin pareció encontrar lo que buscaba sacó la mano; deslizándola suavemente por los pliegues del bolsillo.

Tenía un pequeño objeto entre ambas manos. Al principio no supe de que se trataba. Sus manos se movieron hacia adelante ofreciéndome el diminuto objeto. Solo cuando estuvo lo suficientemente cerca pude ver de lo que se trataba. Era un trozo de papel viejo, desgastado, sucio y algo arrugado. Ella lo puso entre mis manos y despacio y con cuidado intenté desdoblar la bola de papel. Planché como pude las arrugas con mis dedos y al poco, me di cuenta. La hoja, estaba recortada en forma de un diminuto corazón. Lo apreté suavemente entre mis puños cerrados. Cuando los abrí; algo había cambiado. Ya no sostenía ese pequeño trozo de papel destartalado. En su lugar; había una piedra de color grisáceo, con la misma forma que el recorte anterior. Solo que esta vez era de otro material; más duro, más resistente y sin resquebrajar. Le lancé una mirada de soslayo mientras ella apretaba los labios, formando una fina e inexpresiva línea con ellos. Algo en ella me resultaba familiar; pero seguía sin poder recordar el qué. No le di importancia, y me senté junto a ella.

Ella... Pasé el resto de mis días acompañándola; y todavía sigo visitándola de vez en cuando.
Y terminé por enamorarme de ella. Acabé enamorada de mi propia tristeza.

25 mar. 2014

Soy

I.

Soy tormenta, tempestad, huracán.
Soy la marea que lame mis propias heridas.
Soy la ola que te moja hasta las caderas y te provoca escalofríos.
Soy el gélido mar de invierno.

Soy la última hora del crepúsculo que araña la noche.
Soy la tímida luz de una estrella a punto de consumirse. 
Soy la sonrisa triste en mis tres cuartos de luna.
Soy una constelación formada por puntos aleatorios; que no llevan a ninguna parte.

Soy el blanco y negro de un invierno sin color.
Soy una hoja de otoño, arrastrada por la brisa.
Soy el pétalo de una flor marchita por culpa del tiempo.
Soy el viento que entre soplos susurra versos que nunca has oído.

Soy la tecla desafinada de un piano en desuso.
Soy la nota dispar que suena entre las líneas del pentagrama.
Soy la melodía inacabada de una canción desesperada.
Soy el silencio que rompe con la armonía.

Soy el caos que reina en todo orden.
Soy principio y fin de cada idea sin salida.
Soy la pequeña parte de cordura que reside en la locura.

Soy, soy, soy...
Soy y no quiero ser.
Soy y ojalá pudiera dejar de ser. 

24 mar. 2014

¿A versos o a besos?

Quizás suene típico pero te echo de menos. Me echo de menos. Nos echo de menos.
Siempre fuiste el error más dulce y a la vez más amargo que cometí y volvería a cometer otras tantas miles de veces sin cansarme.
Así que, amor; todavía sigo sin saber cómo pedirte esto. Todavía sigo sin saber cómo pedirte que por favor te mueras.
Muérete. O mejor te mato yo.
A versos o a besos; tú decides.

2 mar. 2014

Tempus fugit

Intenté cazar el tiempo; para pedirle que fuera más despacio.
Pero con sus alas extendidas voló hasta perderme de vista. Se escapó de entre mis brazos como agua por mis dedos; riéndose a carcajadas, burlándose en silencio. Intenté correr en su busca. Ser más rápida que el mismo viento. Pero nunca lo conseguí. Nunca pude. Así que decidí despedirme de él; dejarle volar libre.
Entre mis gritos de desesperación; el silencio alzó la voz, y la realidad se impuso.
Ante la nítida luz de la Luna, sigo rogándole al tiempo; que me espere, que vuelva, que no vuele.
Y este va arañando las paredes de mi alma; sacudiendo mis heridas desde lo más hondo de mis entrañas. Avivando tempestades sin dejar mares en calma y bebiendo de recuerdos escondidos tras la almohada.
Las agujas de mi tiempo se me clavan como dagas. Perforando cada arteria, cada vena, cada parte de mi tórax. En medio de sístoles y diástoles me desangro por mis versos.
Tras los puntos y las comas.
Tras anversos y reversos.
Dolor. Dolor ahogado entre amargas carcajadas. Atascado en mi tráquea por culpa de cada uno de mis silencios. Silencios que me ahogan, que me atrapan y me matan.
El reloj me va ganando terreno, acortando mi existencia.
Por cada tic-tac, un pensamiento muerto.
Desgarros a contrarreloj. Sentimientos a destiempo.
Como un preso en el corredor de la muerte, arrastro mis cadenas. Muerta por dentro, viva por fuera.
El tiempo es cruel, y pasa factura a cualquiera. Con mi último aliento grito, pero lo único que oigo es el repiqueteo del tic tac que marca las doce. Un día menos de sufrimiento.
Y me doy cuenta de todo lo que he perdido; intentando matar el tiempo. Después de todo mis esfuerzos son en vano... al fin y al cabo, será el tiempo quien acabe por enterrarme.

27 ene. 2014

Contrapuntos

Era como el primer café de la mañana. Fuerte; y un tanto más amargo.
Pero aún así era cálido. Como un verano en la Toscana.
Y eso me gustaba.

Tenía unos ojos preciosos (y no solo por el color).
De esos en los que puedes sumergir y perderte.
Y yo... supongo que me perdí en ellos.

Su forma de mirarme hacía que se me cortara la respiración.
Me helaba el aire de los pulmones y me quemaba los nervios.
El roce de sus dedos por mi piel como un trozo de hielo me electrizaba.
El contacto era cálido. Más bien ardiente.

Como un astronauta, recorrió todas mis dunas; tocó cada tecla del piano que eran mis costillas y memorizó cada uno de mis lunares.

Tenía la capacidad de hacerme perder cualquier atisbo de cordura que me quedase.
Me volvía loca.
Pero supongo que eso es lo que hace el amor.
Volverte loco, romper tus esquemas y consumirte a fuego lento.

Pero no todo era tan bonito.


Supongo que las llamas acabaron por consumirme, por consumirnos.

Nos perdieron nuestros pequeños delirios de grandeza.
Quisimos ser París y acabamos peor que Roma, Venecia y Chernóbyl.

Estábamos destinados a encontrarnos; condenados, a perdernos.