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24 dic. 2015

El amor (no) es un juego de críos

Yo, que me había sentido especial. Yo, que pensaba que esta vez sería diferente. Yo, otra vez cayendo en la misma trampa. Yo, la misma ingenua de siempre.

No he cambiado, pero supongo que el mundo tampoco lo ha hecho. Le he dado mil y una vueltas al asunto y lo poco que he conseguido con ello es marearme hasta tal punto que ya me he acostumbrado hasta a estas ganas de vomitar, de echarlo todo, de explotar.
Me auto-consuelo fingiendo que no pasa nada, pero claro que pasa. Pasa, pisa y sobre todas las cosas y lo peor, es que pesa. Me pesa en la garganta, en los pulmones y más aún en el corazón.
Desde el principio tuve miedo, sabía cómo iba a acabar todo esto. Yo destrozada y tú de testigo, impasible ante tanto roto y descosido. Pero decidí arriesgarme y, como siempre, aposté más de lo que merecía el premio. Ahora estoy en bancarrota, lo único que me queda es un buen puñado de mentiras que todavía hacen juego con tu boca. La diferencia es que yo ahora las llevo atadas al cuello, y pesan; pesan tanto que no te puedes hacer una idea (o quizás sí, al fin y al cabo, eras tú quien me las firmaba y dedicaba).

No sé si eres consciente de la destrucción que causas a tu paso, de que envenenas todo lo que tocas, de que conviertes hasta el más puro trozo de oro en polvo. Puede que seas tú el hecho polvo, el inconsciente, o el que no quiere darse cuenta de lo que hace porque sabe que es tan tóxico como el peor de los venenos. Pero lo más probable es que sepas lo que haces, que seas tan adicto al juego como el niño que destroza y recompone una y otra vez su juguete favorito por pura diversión. Pero yo no soy ese juguete, y tú se supone que ya no eres un crío. 

25 nov. 2015

No lo llames batalla, llámalo guerra

Pones tus cartas sobre la mesa y rezas por no perderlo todo en la última jugada, pero sabes de sobra que yo soy la reina del juego y que odio perder. Tengo guardado bajo manga el as de corazones más punzante que jamás hayas podido ver. As de corazones rotos, de corazones sangrantes, de corazones con espinas, de flores marchitas... mi última carta, la de tu perdición.
Apuesto tu dolor contra el mío, a ver cuál de los dos puede más.

Bomba nuclear. Dos supervivientes con heridas internas graves. Las de ella no tardan en cicatrizar, está acostumbrada a los bombardeos directos, él no tanto
No lo llames batalla cuando sabes que es una guerra que yo no estoy dispuesta a perder.
Vuelves con la cara pintada de hipocresía y ojitos de cordero suplicando clemencia, y lo siento cariño, pero yo no estoy por la labor.

11 oct. 2015

21:59

Hoy ha llamado la melancolía a mi puerta y yo como un idiota la he dejado pasar. Hemos tomado café, ella tenía ganas de hablar de ti.
Hemos hablado de lo guapa que estabas aquel día con el pelo desordenado y la falda a merced del viento, de tus ojos color café y de la inmensidad de galaxias que encerrabas en ellos. Me ha recordado el sabor de tus labios rojos y de todos los accidentes que he tenido por no prestar atención mientras recorría embelesado una y otra vez la curva de tu sonrisa.

Le he hablado de ti, Tormenta, y de mí, Huracán; de todas esas veces que te he visto marchitar en invierno y renacer en brazos de los primeros vestigios de primavera.

Podría haberle contado la historia de aquel verano, de cómo eran las vistas desde la calidez de ese pecho al que siempre había tenido el placer de poder llamar hogar. O podría simplemente haberle hablado de la música de tu voz y de tus cuerdas vocales, que formaban parte cada día de la banda sonora de mi vida.

Podría... pero no lo he hecho.

Prefiero no recordar el modo en el que tus labios se curvaban hacia arriba mientras pronunciaba tu nombre como si se tratase de la plegaria más hermosa del mundo. Prefiero creer que no hay ningún otro capullo que me haya desahuciado del hogar que una vez construí en tu pecho. Prefiero pensar que tus ojos siguen brillando con la misma luz que el primer día (a pesar de no poder verme ya reflejado en ellos).

Preferiría dejar de recordarte pero... no puedo.

16 sept. 2015

Tempestad a la fuga

He salido corriendo a buscarme con la falda más corta que mis miedos y vestigios de carmín de la noche anterior. He preguntado en cada calle, esquina y rincón, y nadie parecía saber de mí.
He intentado buscarme en esos antros de mala muerte a los que acudía, creyendo inútilmente que podía encontrarme en el fondo de botellas de alcohol barato, y tampoco lo he conseguido.
Me he llamado a voz en grito en aquel lugar por el que siempre decía que me encantaba pasear, pero ni siquiera el eco me ha devuelto la llamada.
Me he perdido más veces de las que soy capaz de contar. Me he perdido incluso en un vano intento de encontrarme.

Hoy decido dejar de buscarme, hoy decido que no quiero saber más de mí. Que me busque otro, yo ya me doy por perdida.

14 jul. 2015

Telegrama a un corazón incierto

Tú, cartógrafo de todos los mapas que plasman los caminos que recorren mi corazón.
Cuenta la leyenda que todos ellos conducen al Amor, ¿o era a Roma? Aunque no tiene mucha importancia, ya que es casi lo mismo. Así que la pregunta es: ¿cómo piensas salir de mi Roma, mi amor?
Estás perdido, desorientado, sin un rumbo ni una dirección que seguir; estancado, puede que aterrado. ¿Acaso has olvidado todas aquellas autopistas, esas vías de entrada directa al corazón que antes de memoria recorrías? Hace tiempo que tu peaje está pagado, por lo tanto si es la memoria lo que te falla deberías saber que tienes dos opciones: avanza y quédate o retrocede y vete, pero no pretendas habitar siempre en los recodos de mi pecho; todavía quedan muchos corazones inciertos, errantes y ansiosos que desean transitar mis autopistas.








30 may. 2015

Conflicto de intereses

Supongo que el amor es también una clase de guerra. Sin víctimas mortales, pero con heridas que nunca cicatrizan del todo. 

Recuerdo que dolía (o duele, ¡yo qué cojones sé!).
Dolía/duele no verse reflejada en aquellas pupilas que prometían tormenta. Dolía/duele saber que el día no es nuestro, que ya no soy el último pensamiento antes de acostarte, ni lo primero que recuerdas al despertarte (si es que alguna vez lo he sido). Dolía/duele sujetar la granada de mano a punto de explotar, sin tener más opción que esperar a que reviente. Dolía/duele ser la única que ha quedado entre tanta destrucción, pena y ruina. La tuya, la nuestra y ahora, solamente mía.
Dolía/duele gritar desde el corazón mientras la razón acalla las protestas, tensando los cada vez más fuertes nudos de garganta. Dolía/duele no poder salir del fuego cruzado del pasado-presente y futuro, ese tan incierto y distante que cada noche jurabas ante los astros tener que ofrecer(me).
Dolía/duele como si siempre, como si nunca; como si nada, como si todo. Dolía/duele de esa forma en la que solo tú sabías y sabes, podías y puedes llegar a hacerlo.
Bandera blanca. Me rindo, tú ganas. Entierro el hacha de guerra; estoy cansada de seguir con esta lucha. Haz las maletas, por favor. Vete y no vuelvas. Se acabó, no puedo seguir andando de puntillas por este campo de minas. Me quito las tiritas, me cambio las vendas. Tú quédate con los restos, no los necesito, los tengo ya demasiado vistos. Te cambio tu paz por mi guerra, por mis batallas internas.

¿Dolía...?
¿Duele...?
Ya no.



17 ene. 2015

La falta de inspiración mató al poeta

*Tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac*


El reloj marca las doce y mis musas ya se han ido. Han hecho las maletas y me han abandonado; quizás sea que otra mente mejor las ha seducido. Me han dejado solo, indefenso ante el peligro. Ahora las palabras ya no son mis armas, e incluso la pluma es mi enemigo.
Combato contra el folio en blanco, presa del hastío. No he ganado este asalto, ni tampoco la guerra; ni lo haré. Pues mis únicas aliadas en la batalla, han partido y no retornarán.
Ahora el invierno parece incluso más frío, y la primavera ha perdido el poco color que le quedaba. Las mariposas ya no vuelan igual, y los pájaros han perdido sus ansias de libertad (y las mías han muerto con ellas). Los versos que emanaban antes con fluidez de mi pluma y tinta, ya no cantan, ya no ríen, ya no aman, ya no lloran. Ya no. ¡Nunca más! No sin ellas.
Mis palabras se han hecho soga, que me aprieta; que me ahoga. El único escape es rendirme, pues me han derrotado y me han hecho preso. Espero que por lo menos, en la muerte halle consuelo. Pues, ¿de qué sirve un poeta, incapaz de escribir versos?
¡Malditas ellas, que me han robado todo! ¡Malditas ellas, que me han condenado! Mis malditas...y amadas musas; que una vez me salvaron de las garras de la muerte y en este momento, me hacen bailar con ella.




Sin inspiración, sin poesía, sin... vida.

8 ene. 2015

Lecciones y nuevos comienzos

(Esta no es una entrada como las que suelo publicar normalmente, más bien trata acerca de este año pasado; de las lecciones que he aprendido y de todo aquello que me ha hecho reflexionar a lo largo de este 2014 y de alguna otra modificación que he hecho al blog, como podréis comprobar. Procuraré que no os resulte demasiado pesado.)


No sé muy bien cómo empezar. Simplemente creo que lo más adecuado sería hablar de esas "lecciones" que he aprendido durante el transcurso del último año, aunque sé que todavía me quedan demasiadas cosas por aprender.He aprendido que las cosas no siempre son lo que parecen; lo difícil que es obtener la confianza de las personas, y el poco tiempo que se tarda en perderla. He logrado distinguir quién merece la pena y quién no. Aquellas personas que están cuando la tormenta parece imposible de calmar, y otras que solo permanecen cuando esta ha amainado y el viento es favorable. He asumido que las despedidas son duras, que muchas veces no tienen ningún motivo o por qué. Un día alguien cierra la puerta y se marcha. Y tú cuando vuelves te das cuenta de que han hecho las maletas y se han largado, sin carta ni nota de despedida; sin tan siquiera un mísero "adiós". Es duro tener que cerrar el compartimento en el que guardabas con llave ese pequeño pedacito de ese alguien en tu corazón. Las despedidas son duras, sí; pero en muchos casos, necesarias. Con el tiempo, me he dado cuenta de que los "para siempre" no existen. Prometemos cosas irrealizables, un siempre que no está en nuestras manos, y parece que no nos damos cuenta de lo que realmente estamos prometiendo. Despreciamos el valor de las palabras "siempre" y del "te quiero", que últimamente se dice tan a la ligera. Las personas lo dicen como si de un saludo se tratase. Como si fuese algo común, devaluando su verdadero significado. Ese tipo de palabras debería decirse estrictamente cuando se sientan de verdad. Así nos evitaríamos los cientos de corazones rotos que vagan sin consuelo por este encuentro casual al que solemos denominar vida. En conclusión; nunca prometáis algo que no podáis cumplir; jamás. He conseguido cambiar la concepción que tengo de la vida. Ni todo es negro; ni todo es blanco. Para mí; la vida es una escala de grises. 

Después de soltar todo este rollo que seguramente no lleve a ningún sitio, solo quería decir que esta es mi propia opinión y que, como soy penosa dando consejos; tampoco deberíais hacerme mucho caso. En conclusión, todavía me queda demasiado por aprender y seguro que hay muchas más cosas que me faltan por decir; pero por lo menos, esto es un principio.



Fin.

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Si habéis llegado hasta aquí; os felicito. Quería que fuera una pequeña síntesis de este último año; pero creo que he acabado excediéndome un poco. En cuanto a los cambios efectuados en el blog que he mencionado en la primera entrada: como podéis observar, he reformado el blog por completo. Quería darle un color más oscuro, y he de decir que me gusta bastante el resultado. He modificado también la dirección de la página, ya que quería algo que considerase que me representa mejor. No creo que quede ya mucho más que decir. Solo Feliz 2015 a todos y muchas gracias por tomaos la molestia en leerme; solo así esto puede seguir funcionando. Intentaré subir entre esta semana y la que viene una entrada que llevo un tiempo preparando y espero que os guste.
¡Nos leemos pronto, lunáticos!
Abrazos lunares,

Selene.