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17 ene. 2015

La falta de inspiración mató al poeta

*Tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac*


El reloj marca las doce y mis musas ya se han ido. Han hecho las maletas y me han abandonado; quizás sea que otra mente mejor las ha seducido. Me han dejado solo, indefenso ante el peligro. Ahora las palabras ya no son mis armas, e incluso la pluma es mi enemigo.
Combato contra el folio en blanco, presa del hastío. No he ganado este asalto, ni tampoco la guerra; ni lo haré. Pues mis únicas aliadas en la batalla, han partido y no retornarán.
Ahora el invierno parece incluso más frío, y la primavera ha perdido el poco color que le quedaba. Las mariposas ya no vuelan igual, y los pájaros han perdido sus ansias de libertad (y las mías han muerto con ellas). Los versos que emanaban antes con fluidez de mi pluma y tinta, ya no cantan, ya no ríen, ya no aman, ya no lloran. Ya no. ¡Nunca más! No sin ellas.
Mis palabras se han hecho soga, que me aprieta; que me ahoga. El único escape es rendirme, pues me han derrotado y me han hecho preso. Espero que por lo menos, en la muerte halle consuelo. Pues, ¿de qué sirve un poeta, incapaz de escribir versos?
¡Malditas ellas, que me han robado todo! ¡Malditas ellas, que me han condenado! Mis malditas...y amadas musas; que una vez me salvaron de las garras de la muerte y en este momento, me hacen bailar con ella.




Sin inspiración, sin poesía, sin... vida.