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11 oct. 2015

21:59

Hoy ha llamado la melancolía a mi puerta y yo como un idiota la he dejado pasar. Hemos tomado café, ella tenía ganas de hablar de ti.
Hemos hablado de lo guapa que estabas aquel día con el pelo desordenado y la falda a merced del viento, de tus ojos color café y de la inmensidad de galaxias que encerrabas en ellos. Me ha recordado el sabor de tus labios rojos y de todos los accidentes que he tenido por no prestar atención mientras recorría embelesado una y otra vez la curva de tu sonrisa.

Le he hablado de ti, Tormenta, y de mí, Huracán; de todas esas veces que te he visto marchitar en invierno y renacer en brazos de los primeros vestigios de primavera.

Podría haberle contado la historia de aquel verano, de cómo eran las vistas desde la calidez de ese pecho al que siempre había tenido el placer de poder llamar hogar. O podría simplemente haberle hablado de la música de tu voz y de tus cuerdas vocales, que formaban parte cada día de la banda sonora de mi vida.

Podría... pero no lo he hecho.

Prefiero no recordar el modo en el que tus labios se curvaban hacia arriba mientras pronunciaba tu nombre como si se tratase de la plegaria más hermosa del mundo. Prefiero creer que no hay ningún otro capullo que me haya desahuciado del hogar que una vez construí en tu pecho. Prefiero pensar que tus ojos siguen brillando con la misma luz que el primer día (a pesar de no poder verme ya reflejado en ellos).

Preferiría dejar de recordarte pero... no puedo.