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28 abr. 2014

La vida es un arma de doble filo

Qué puta la vida, que me sedujo con sus largas piernas y su piel de melocotón. Su boca de fresa me enamoró con amargas promesas con sabor a sal. Y no hablemos de sus curvas, semejantes a las de una montaña rusa. Tan pronto te elevaban hasta el cielo, como hacían que descendieras hasta los abismos más oscuros y te sumieras de lleno en la locura. La inmensidad que eran sus negros ojos me miraban curiosos, distantes. Queriéndose alejar del desastre, de mi desastre. De la colisión que estaba a punto de producirse en mi interior.
Decidió jugar conmigo a su juego favorito para desquitarse, así que me escogió como víctima perfecta. Su musa, la musa del caos que reina en la vida. Y jugó conmigo a la ruleta rusa. Pero como Vida es tan tramposa, el cargador estaba lleno de balas. Balas que disparó contra mi alma. Y me dejó hecha un maldito colador. Sollozando le pregunté: '¿por qué me haces esto? ¿por qué yo?'. A lo que respondió: 'lo siento. No es mi culpa. Solo has sido otra víctima del azar. Un simple efecto colateral'.
Y entonces comprendí lo triste que debe ser ser Vida, siempre acompañada por sus hermanas, Suerte y Desgracia. Vida es ciega y no responde ante nadie, ella no es capaz de distinguir entre el bien y el mal. Y así le va, así nos va.