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2 mar. 2014

Tempus fugit

Intenté cazar el tiempo; para pedirle que fuera más despacio.
Pero con sus alas extendidas voló hasta perderme de vista. Se escapó de entre mis brazos como agua por mis dedos; riéndose a carcajadas, burlándose en silencio. Intenté correr en su busca. Ser más rápida que el mismo viento. Pero nunca lo conseguí. Nunca pude. Así que decidí despedirme de él; dejarle volar libre.
Entre mis gritos de desesperación; el silencio alzó la voz, y la realidad se impuso.
Ante la nítida luz de la Luna, sigo rogándole al tiempo; que me espere, que vuelva, que no vuele.
Y este va arañando las paredes de mi alma; sacudiendo mis heridas desde lo más hondo de mis entrañas. Avivando tempestades sin dejar mares en calma y bebiendo de recuerdos escondidos tras la almohada.
Las agujas de mi tiempo se me clavan como dagas. Perforando cada arteria, cada vena, cada parte de mi tórax. En medio de sístoles y diástoles me desangro por mis versos.
Tras los puntos y las comas.
Tras anversos y reversos.
Dolor. Dolor ahogado entre amargas carcajadas. Atascado en mi tráquea por culpa de cada uno de mis silencios. Silencios que me ahogan, que me atrapan y me matan.
El reloj me va ganando terreno, acortando mi existencia.
Por cada tic-tac, un pensamiento muerto.
Desgarros a contrarreloj. Sentimientos a destiempo.
Como un preso en el corredor de la muerte, arrastro mis cadenas. Muerta por dentro, viva por fuera.
El tiempo es cruel, y pasa factura a cualquiera. Con mi último aliento grito, pero lo único que oigo es el repiqueteo del tic tac que marca las doce. Un día menos de sufrimiento.
Y me doy cuenta de todo lo que he perdido; intentando matar el tiempo. Después de todo mis esfuerzos son en vano... al fin y al cabo, será el tiempo quien acabe por enterrarme.