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2 sept. 2014

Jaque mate

La conoció en un bar de carretera la madrugada de un viernes cualquiera.
Llevaba unos pitillos negros ajustados combinados con un top color granate y una chaqueta de cuero del mismo color que sus vaqueros. 
La primera vez que la vio; con su melena desordenada a merced de la brisa y sus labios carmín, le pareció haber visto un ángel caído del cielo (aunque no sabía lo equivocado que estaba; pues en cuestión de moral, no era precisamente un ángel. Más bien era una diablesa venida de los infiernos; ardiente como el fuego.) No era extraño, pues solía provocar esa sensación en los hombres; un hecho del que ella era perfectamente consciente.

La llamaban la reina de corazones; nombre que le hacía justicia, ya que atraía a sus víctimas con su apariencia de sirena y de una forma metafórica les arrancaba el corazón a sangre fría. La coleccionista de corazones por placer. Concreta, cruel y fría como un témpano de hielo. Sin corazón; sin compasión. 
Él hacía caso omiso de este hecho ya que pensaba que podría repararla. Había algo en sus ojos que le decía que lo necesitaba. Detrás de esa gruesa capa de crueldad que tanto se esforzaba por mantener estoicamente, una chispa de luz florecía de ellos; apenas visible para los que no sabían apreciar más de su aspecto. Aunque ninguno se detenía a analizarla profundamente. Les bastaba con intentar conseguirla, a sabiendas de que era una misión suicida; pues nadie había conseguido aún salir ileso de sus encantos.
Como muchos otros, quedó prendado de ella; habiendo cruzado solamente unas cuantas miradas y alguna que otra sonrisa de complicidad. Pero la diferencia es que él era distinto y es por eso por lo que se arriesgó como un kamikaze; a asestarle el jaque la reina.
Para ella solo era un pasatiempo pasajero, como todos los demás. Pero acabó inmersa en un juego de sombras que ni ella misma  pudo controlar. Era el primer hombre que conseguía salir de una pieza de su embrujo y esto la desconcertaba hasta tal punto que llegó a volverse adicta a él. 
Y dejó de recopilar corazones, para que aquel chico que conoció en aquel bar de carretera recuperara y uniera los fragmentos del suyo. 

Reina destronada; jaque mate.