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18 nov. 2014

Historia de dos desconocidos


Decidí ir ese día al cementerio. No por ninguna razón en particular; simplemente había algo que me llamaba a gritos a aquel lugar. Así que me vestí; y salí a toda prisa y sin mediar palabra por la puerta de casa. Recorrí el angosto sendero repleto de maleza (no sin antes clavarme un par de espinas en los muslos descubiertos a merced del cálido viento), y unos cuantos pasos después, me encontraba a las imponentes puertas del antiguo cementerio. Me acerqué con cautela y abrí cuidadosamente la oxidada verja.
Mis ojos buscaban rápidamente la lápida a la que tantas veces había acudido a dejar flores (no sé si  a modo de autoconsuelo; o de arrepentimiento.) El paso del tiempo jamás conseguiría arrancar de mi memoria el epitafio que en ella residía:

"Aquí yacen las ilusiones y esperanzas de un corazón maltrecho, víctima y cómplice de sus propios demonios."
(Bonito epitafio, ¿verdad?)



Distinguí con dificultad la sombra de una silueta que parecía dejar algo a los pies de la lápida. Según me iba acercando, alcancé a ver de qué se trataba. Orquídeas. Cuando llegué hasta su lado, le observé con detenimiento. A pesar de que no le conocía, su rostro me resultaba familiar. Había algo en su manera de mirar que de alguna forma, me recordaba un pasado no muy lejano. Me escudriñó con el mismo desconcierto a través de sus ojos color esmeralda. Finalmente, decidí preguntarle:


- "¿Quién eres? ¿Por qué estás aquí?"

Me observó en silencio durante unos segundos y respondió:

+ "Ni yo mismo lo sé. Pero he sentido una extraña sensación. Algo me atraía a éste lugar. Es difícil de explicar, pero es como si una voz me estuviera llamando; diciéndome que debía venir. Así que eso he hecho. No la conozco, o al menos eso creo. Su nombre me suena. Supongo que no será nada. Perdona; ¿nos conocemos?"

-"No. - respondí sorprendida. - ¿Por qué lo preguntas?"

+"No lo sé. Pero... Tu cara me resulta familiar. Puede que nos hayamos encontrado en alguna ocasión."

- "Es posible. Me recuerdas a alguien, aunque en este momento no sabría decirte a quién."


Y así nos quedamos mirándonos. Como dos extraños, dos desconocidos. Aunque no lo éramos en absoluto. Pero ninguno de los dos quería o parecía recordarlo. Solo éramos dos desconocidos que se conocían bastante bien. Dos desconocidos con demasiados recuerdos en común. En el cementerio de mis ilusiones.